Siempre pensé que en esta sociedad reina el pesimismo, que las cosas nunca se ven de manera bonita. Cuando uno no puede salir de marcha por tener que estudiar se lo toma a mal, en vez de buscar un motivo positivo para afrontar los problemas.
Como ejemplo os cito la frase textual de un joven de 21 años que me dijo esta Semana Santa: "La vida es como una botella por la mitad. Y para mí está medio vacía porque no dejamos de beber de ella"
Sinceramente, no puedo compartir esa opinión. Si que la entiendo y sé que muchas veces se siente así, pero a la mañana siguiente de oír esa frase yo encontré una reflexión que rompe esa botella vacía.
"La vida es como una botella que vamos llenando de nuestros recuerdos, nuestras vivencias y nuestros sentimientos. Es una botella que está medio llena ya que no dejarás de llenarla hasta tu último aliento. Así que si el día que descorches esa botella deseas que sea algo rico, no dejes de llenarla de cosas bonitas."
viernes, 29 de abril de 2011
lunes, 21 de marzo de 2011
Aire

Respira. Hazlo lenta y tranquilamente, sin prisas. Primero inspiras, luego espiras. Una vez más, inspiras, espiras... ¿Agradable?
Un instante, solo se tarda un mero instante en respirar, pero estás tan ocupado que te olvidaste de respirar. La compra, la comida, el bus, el móvil, el mp3, las clases, el trabajo, el coche, la ducha, la corbata, la lavadora... Y mil y una cosas más que podría citar. Estamos tan pendientes de todo que no estamos pendientes de nada.
¿Cuantas veces por querer llegar a la hora a una reunión, cita, clase, comida, película, nos estresamos e intentamos coger todo a toda velocidad tratando de controlarlo todo?
Me gusta pararme quieto, dejar de pensar, y simplemente disfrutar. Disfrutar del calor que te da el sol cuando estás tumbado en el césped después de comer. Disfrutar de una cerveza cuando estás tranquilamente con tus amigos charlando en la cafetería. Disfrutar de la música cuando estás tirado en la silla delante del ordenador. Disfrutar de cada respiración.
Definimos la vida con la respiración, pero no respiramos... Estamos abrumados con todo lo que nos rodea, que no nos detenemos a, simple y llanamente, respirar.
Si queréis saber de que hablo tumbaos en la cama o tiraos en la silla de manera cómoda. Dejad de pensar en todo eso que os preocupa por 1 minuto. Ahora simplemente concentraos en disfrutar de como vuestro cuerpo se hincha y deshincha con cada respiración. ¿Qué tal sienta?
domingo, 30 de enero de 2011
¡PUM!
Sonará cruel y todo lo que vosotros creáis, pero, la vida, tal y como la entendemos, no es más que una burbuja que nos alberga en su interior.
¿Nunca os pasa que crees que las cosas son de una manera y luego no? Ahí estalla la burbuja.
Las hay que estallan muy disimuladamente, como si se disolviesen en el aire, como la primera que pruebas la regaliz negra pensando que es igual o más dulce que la roja. Como cuando descubres que la película no es tan buena como pensabas. Esas burbujas están siempre, en todos lados y todos los lugares, todos las tenemos, son las que hacemos desde pequeños con ingenuidad.
El problema de esa burbuja crece según vas creciendo y tu ingenuidad crece o disminuye. La famosa burbuja de los Reyes Magos y el Ratoncito Pérez. ¡Qué buenos años encomendando mi felicidad a esos seres! Pero siempre tiene que llegar una altura a la que burbuja rompa, y seguro que en mayor o menor medida todos os acordáis de cuando erais pequeños y salíais todos corriendo por las mañanas al salón.
El problema viene de esas burbujas que nos ponemos para tratar de protegernos. Es sorprendente cuantas veces caemos en la misma trampa. Estás burbujas que nos sirven para ocultarnos de los problemas de familia, del trabajo, de pareja, de dinero, de personalidad, son las peores, y las que más utilizamos. Esta burbuja es la que más daño hace al estallar. Esta burbuja es la que nos hacemos nosotros mismos por culpa de nuestra naturaleza ingenua e infantil de la cual nunca podremos librarnos.
Todas estas burbujas estallan, si no hacen, ya lo hicieron, y si tampoco, entonces lo harán, así que simplemente preparaos para oír el: ¡PUM! y ver la realidad por un tiempo, porque a pesar de esto, volveréis a crear vuestra propia burbuja, y volverá a estallar, y volveréis a haceros daño.
Ahora, os toca crearos vuestras burbujas.
sábado, 8 de enero de 2011
Sueños
Todos en nuestra vida tenemos distintos sueños. Algunos son realistas, como soñar con conseguir un buen trabajo, otros son imposibles, cual niño que sueña con encontrar y domesticar un unicornio.
Me hace gracia el simple hecho de pensar que siempre nos guiamos por sueños, ya sean para bien o para mal. ¿Cuántas veces soñamos con encontrar a la vuelta de la esquina al amor de nuestra vida? ¿Quién no ha soñado con ganar la lotería y dar la vuelta al mundo? ¿Cuántos niños sueñan con la magia?
Resulta triste el pensar que cuanto más crecemos, más nos olvidamos de soñar. En esta sociedad en la que vivimos pocos son aquellos que se escapan del prototipo de persona de éxito y se dedica a soñar de verdad. Pocos y necios son los sueños que nos inculca la sociedad de hoy en día. Sueño con conseguir un buen trabajo, sueño con ganar mucho dinero, tener una mujer que sea la envidia de mis amigos, tener el mejor coche del mercado y una casa que valga más que lo que pueda ganar en mi vida trabajando. Resulta triste.
Aún recuerdo aquellos años como niño cuando soñaba con ser un gran caballero, que busca ayudar a aquellos que lo necesiten con una gran muestra de valentía y honor. Que sueños aquellos... Esos si que son sueños. ¿Por qué olvidarlos atrás? Soñemos como cuando éramos niños. Soñemos con poder dar la vuelta al mundo y descubrir todas la maravillas que podamos imaginar. Soñemos con que somos capaces de hacer magia y curar a aquel que ve la luz de la muerte. Soñemos que con un simple lápiz somos capaces de crear un hogar para persona en el mundo o que con pulsar una tecla se puede dar calor a todo el que lo necesite. Soñemos que somos capaces de hacer todo lo que soñemos.
Soñemos con que crear un mundo de sueños donde todos podemos hacer lo que queramos con sueños. Esos sueños que nos hacen despertar con una sonrisa que no se borra durante el día y que nos hacen seguir adelante. Utilicemos y recuperemos nuestros sueños, porque como dijo hace siglos un gran escritor inglés, William Shakespeare:
"Estamos hechos de la misma materia que los sueños"
Me hace gracia el simple hecho de pensar que siempre nos guiamos por sueños, ya sean para bien o para mal. ¿Cuántas veces soñamos con encontrar a la vuelta de la esquina al amor de nuestra vida? ¿Quién no ha soñado con ganar la lotería y dar la vuelta al mundo? ¿Cuántos niños sueñan con la magia?
Resulta triste el pensar que cuanto más crecemos, más nos olvidamos de soñar. En esta sociedad en la que vivimos pocos son aquellos que se escapan del prototipo de persona de éxito y se dedica a soñar de verdad. Pocos y necios son los sueños que nos inculca la sociedad de hoy en día. Sueño con conseguir un buen trabajo, sueño con ganar mucho dinero, tener una mujer que sea la envidia de mis amigos, tener el mejor coche del mercado y una casa que valga más que lo que pueda ganar en mi vida trabajando. Resulta triste.
Aún recuerdo aquellos años como niño cuando soñaba con ser un gran caballero, que busca ayudar a aquellos que lo necesiten con una gran muestra de valentía y honor. Que sueños aquellos... Esos si que son sueños. ¿Por qué olvidarlos atrás? Soñemos como cuando éramos niños. Soñemos con poder dar la vuelta al mundo y descubrir todas la maravillas que podamos imaginar. Soñemos con que somos capaces de hacer magia y curar a aquel que ve la luz de la muerte. Soñemos que con un simple lápiz somos capaces de crear un hogar para persona en el mundo o que con pulsar una tecla se puede dar calor a todo el que lo necesite. Soñemos que somos capaces de hacer todo lo que soñemos.
Soñemos con que crear un mundo de sueños donde todos podemos hacer lo que queramos con sueños. Esos sueños que nos hacen despertar con una sonrisa que no se borra durante el día y que nos hacen seguir adelante. Utilicemos y recuperemos nuestros sueños, porque como dijo hace siglos un gran escritor inglés, William Shakespeare:
"Estamos hechos de la misma materia que los sueños"
jueves, 30 de diciembre de 2010
Uno más
Doce.
Ese número nos indica una hora, cuantos huevos te encuentras en una huevera, los números del reloj que suelo llevar en mi muñeca, los meses de un año, y doce son las campanadas con las que despedimos un año y saludamos a otro.
A poco mas de dos docenas de horas me paro a pensar en mi ultimo año e intento hacer una valoración. Que difícil resulta ser objetivo. Pienso en que hubo tanto buenos como malos momentos. Recuerdo aquellos que ya no veo desde hace tiempo, y aquellos de los que no quiero separarme desde hace poco y mucho tiempo. Me acuerdo de aquellas lágrimas derramadas por tristezas y alegrías, y esos momentos a solas pensando en lo bueno y lo malo...
Como cualquier persona, una vez veo todo lo que me pasó ese año y lo juzgo llega la hora de los bueno propósitos, esos que siempre hacemos a principio de cada para tratar de mejorarnos a nosotros mismos y lo que podamos teniendo al alcance de nuestras manos. Son esas buenas intenciones que tenemos para que aumente nuestra calidad como personas en varios aspectos, pero con un pequeño problema... NUNCA LOS CUMPLIMOS.
El problema es que simplemente son propósitos, propuestas, intenciones, proposiciones... Nunca buscamos lo que de verdad se necesita para cambiar y mejorar. Cuando de verdad quiere cambiar lo primero que hace es hartarse de eso, en el sentido de decir "Ya basta", pero decirlo de verdad, no por la boca pequeña. Una vez se llega a ese punto se hacen las proposiciones de como dar un paso más, y cuando ese paso se da es cuando se necesita la convicción, cuando se logrará encontrar ese cambio para el nuevo que tanto se ansía.
Por eso este año espero encontrar las convicciones para que los propósitos de mi vida y mi nuevo se conviertan en los cambios que tanto ansío.
A pocos más de dos docenas de horas me paro a pensar en los doce meses pasados que despediré mañana a las doce de la noche con doce campanadas para con doce uvas recibir unos nuevos doce meses.
Feliz 2011
miércoles, 22 de diciembre de 2010
Menos de 24
Son ya 4 meses sin verlo ni olerlo. Más de 120 días sin poder saludarle y darle los buenos días. Más de 2.880 horas sin poder visitarle o acompañarle. Más de 172.800 minutos sin poder dejar pensar en él. Su color, su olor, su presencia, su compañía, su silencio, su rugido, sus preguntas y sus respuestas. Cuando tiempo sin poder perder mi mirada en el tratando de adivinar cada detalle suyo y cada cambio aleatorio. Tantas ganas de ver el mar...
Pero sobre todo, más de 1.036.800 segundos deseando poder abrazarles, compartir una estrella con ellos mientras la naturaleza inunda nuestros pulmones rodeados del humo de momentos compartidos y recuerdos inventados donde en algunas playas escondidas superamos temores a vehículos motorizados, o decidimos enfrentar a nuestros enemigos mientras paseamos todos por la noche a la vera del mar.
Mucho tiempo sin verlos, a ninguno de ellos, y en menos de 24 horas, podré reunirlos a todos...
sábado, 6 de noviembre de 2010
Hoy se me ha aparecido un hada. Sí, uno de esos seres mágicos y pequeños que siempre pasan desapercibidos hasta que llega el momento necesario. Era un hada pequeña, diminuta y tímida, pero esa hada siempre tuvo y tendrá un lugar dentro de mi para ella, esté o no.
Este hada con alma de pato me ha dado luz y fuerzas para levantarme y seguir caminando tras un mágico atardecer que ya presagiaba un milagro.
KUAK!
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
